Enterarse de que su hijo ha estado fumando puede ser causa de un gran disgusto. En el furor del momento, puede resultar tentador enojarse y enfrentarse con su adolescente. Pero, con esa actitud de hacer valer su autoridad, castigarlo o hacerlo sentirse avergonzado podría convertir la escena en una batalla, haciendo que el adolescente se ponga aún más a la defensiva.
Cuando María se enteró de que su hijo estaba fumando, ella dijo, “Apenas me enteré, quise castigarlo; necesitaba tiempo para absorberlo, hablar con mi esposo… y calmarme”.
Lo que sí es eficaz es una comunicación calmada y compasiva. Es algo que posiblemente no pueda lograr de inmediato. Así que, respire hondo y cálmese. Incluso, usted podría decir, “Estoy muy disgustado por esto ahora mismo, mejor hablemos luego”. Recuerde que el hecho de que su hija haya probado cigarrillos es grave, pero no quiere decir que ella esté destinada a fumar toda su vida. Aunque usted no la puede obligar a que deje de fumar, hay muchas formas en las que puede alentarla a dejar el cigarrillo.
Si usted simplemente le pregunta a un adolescente, “¿Por qué fumas?”, es probable que ella no le pueda contestar. Facilítelo siendo más específico: “Hablemos sobre por qué tú podrías estar fumando. ¿Te preocupa que te acepten?”
Trate de informarse cuánto fuma ella, con qué frecuencia y cómo comenzó. Recuerde que usted no es un interrogador (“¡Exijo saber quién te dio esos cigarrillos!”); usted es su padre. Su objetivo es averiguar por qué fumar le resulta atractivo a su hija, y qué otros problemas ella puede estar tratando de resolver al usar tabaco.
Por ejemplo, es posible que ella le diga que fuma en situaciones de mucho estrés social. Es una oportunidad para reconocer los sentimientos de ella y averiguar más sobre lo que está pasando en su vida: “Dime más acerca de lo que sientes. ¿Qué es lo que te está estresando en este momento?”
| Actividad: Qué hago si mi hijo dice... |
Aunque los niños puedan saber que los cigarrillos son perjudiciales, algunos todavía experimentan con el consumo de tabaco. Pregúntele a su hijo: “¿Qué pensabas tú? ¿Fue la experiencia de fumar lo que te imaginabas?” Una vez que él sepa que usted realmente lo está escuchando, usted puede añadir sus opiniones: “Tú sabes que fumar es peligroso y que es fácil volverse adicto a los cigarrillos. Me preocupa y no quiero que te pase a ti”.

Texto en esta sección de: ¿Podria su hijo estar fumando? (2006)